Quizá el forjado unidireccional de viguetas y bovedillas sea el que más se ha utilizado en edificación residencial en España.

En relación a los forjados unidireccionales, necesitan transmitir las cargas que reciben sobre las vigas de dos de sus extremos opuestos para, a través de éstas, dirigir dichas cargas a los pilares y a la cimentación.  De esa transmisión de cargas del forjado hacia las vigas se encargan las viguetas, que son elementos de hormigón prefabricados, con armadura pretensada, apoyadas en los encofrados de las vigas para hormigonarse en conjunto y formar un elemento monolítico.

Las viguetas puedes ser semiresistentes o autoresistentes, siendo la diferencia entre ellas la capacidad de soportar cargas antes de estar hormigonadas y quedar integradas en el forjado.  Las semiresistentes necesitan de un apuntalamiento inferior hasta que el forjado ha adquirido toda su resistencia, mientras que las autoresistentes no necesitan este apuntalamiento por tener la capacidad portante suficiente desde su colocación.

Estas últimas se suelen utilizar en forjados sanitarios por evitar dejar puntales perdidos debajo del forjado (no se puede acceder al sanitario para recuperar los puntales una vez hormigonado)

Para que la transmisión de las cargas sea efectiva hacia las vigas, es necesario que exista una conexión entre las viguetas y las vigas.  En algunas ocasiones de soluciona esta conexión introduciendo las viguetas en las vigas y en otras se puede optar por colocar conectores que unan a ambos elementos.  Estos conectores son simples varillas de acero corrugado que se colocan en los «riñones» de las viguetas y se introducen en las vigas.

La resistencia del forjado se basa prácticamente en su totalidad en las viguetas, por lo que el espacio que queda entre ellas no tiene apenas relevancia en cuanto a la capacidad de soportar cargas, por lo que no es necesario que haya masa de hormigón completa entre dos viguetas.  De ser así, gran parte de ese hormigón no trabajaría en absoluto, por lo que simplemente estaría aportando peso propio a la estructura.  Esto se soluciona mediante la colocación de elementos aligerantes apoyados entre dos viguetas, de manera que evitan que la parte del forjado entre viguetas que no trabaja, la de la zona inferior, no sea de hormigón, sino de un elemento mucho más ligero sin capacidad estructural.  Estos elementos son las bovedillas.

Las bovedillas suelen ser de hormigón, aunque también pueden utilizarse de material cerámico o de porexpán (el típico corcho blanco de bolitas), con el que podemos aligerar todavía más el peso del forjado.

Evidentemente todos estos elementos, antes de convertirse en parte de la estructura ya hormigonada, necesitan ir apoyándose en los encofrados forjado para poder ser montados.  Los encofrados pueden ser de entablado completo (toda la superficie es una «piso» de madera sobre el que se puede caminar para trabajar sobre el mismo montando el forjado) o puede ser encofrado parcial, en el que sólo se encofran las zonas de las vigas donde se apoyan las cabezas de las viguetas y sobre éstas se apoyan las bovedillas.

Estos encofrados parciales ahorran gran cantidad de madera de encofrar, pero requieren trabajar desde la planta inferior con medios auxiliares hasta que se forma una superficie de apoyo, que además debe ser protegida para evitar caídas entre las viguetas.